LA VIDA TE DA SORPRESAS, SORPRESAS TE DA LA VIDA.



Este último mes ha sido de verdadera introspección. Adrede o no, he puesto distancia a ciertas situaciones, distancia que efectivamente era necesaria para ver las cosas del color del que realmente son. No obstante lo anterior, también he eliminado algunas barreras que -aun y cuando hoy no estoy segura si haya sido una buena o una mala decisión-, situación que al final del día me ha ayudado a conocerme un poco más a mi misma y sobre todo, a aceptar y tomar lo que yo quiero, independientemente de si terceros lo califican como “bueno” o como “malo” para mí. Al final del día, esa distinción la hago yo, solo yo.

Algunos dicen que las cosas pasan por algo; otros dicen que en efecto, pasan por idiotas, por ejemplo. Yo estoy acuerdo con ambas. Las cosas pasan porque somos nosotros quienes así lo decidimos y, desgraciadamente, a veces no nos encontramos dotados con la suficientemente inteligencia emocional/practica/whatever y terminamos eligiendo lo que nos hace mal, lo que nos daña, lo que nos estanca. A veces nos empeñamos en tener lo que por “destino” no nos tocaba, lo que no estaba escrito para nosotros, y todo por la necedad de que si “sientes” algo “positivo”, sea corazonada, sea instinto -llámenle como quieran-, el “outcome” debe ser, por igual, bueno. ERROR.

Siendo sincera, muy a pesar de todo, me encanta pensar también que siempre, sin lugar a duda, hay algo que aprender a cada decisión, por buena o mala que sea. Bien dicen que, a veces, el que las cosas no salgan como esperábamos, es lo mejor que nos puede pasar. TOTALMENTE DE ACUERDO.  A veces estamos ahí, intentando buscarle 3 pies al gato cuando en realidad tiene 4 -nunca he entendido esa frase anyway-, ahogándonos en un vaso de agua, haciéndonos de chivo los tamales pues, y la verdad es que la vida y la perspectiva que tengas de ella, es tan complicada como TU quieres que sea. Al final del día, cada uno de nosotros somos responsables de construir nuestro llamado “destino”, somos los escritores y los productores del filme de nuestra vida, no los actores, y sin embargo, vivimos creyendo que somos estos últimos, esperando que terceros escriban para nosotros finales felices, reencuentros apasionados, besos interminables, risas, globos… ERROR. La felicidad se construye de pequeños momentos y yo al menos, aun lo sigo aprendiendo, cada día me lo trato de recordar al despertar, y cuando por algún motivo lo olvido, la vida misma se encarga de recordármelo, así sin escapatoria alguna.

Total que aquí estoy sentada, escuchando “Wrecking Ball” de Miley Cyrus -sin comentarios-, haciendo un ejercicio de introspección bárbaro y en lugar de ponerme triste porque ciertas cosas no salieron como yo esperaba, o más bien, como yo quería que resultaran, estoy sonriendo y decido darle importancia tan solo a aquello que me hace una persona más plena, más feliz, mas en paz conmigo misma y dejando atrás la rabia, la ira, la frustración y la decepción de las cosas que me están dejando un mal sabor de boca en este momento.

A la fuerza, ni los zapatos entran. Ni hablar, que no se diga que no se hizo el intento y que no se diga que me retiro cual cobarde de la batalla, porque al menos esta vez, aunque duela, me siento 99% segura -el otro 1% es una constante en mi derivada de la ansiedad que me caracteriza cual buena Drama Queen que soy- de que estoy tomando las decisiones que efectivamente me harán crecer, personal y profesionalmente. Y qué pasa si la riego en el camino? Pues nada, no pasa nada, hay que seguir adelante, y sobre todo, hay que aceptar el “fracaso” por igual, y puntualizo la palabra fracaso porque como dije antes, a veces el que las cosas no resulten como esperabas, es lo mejor que te puede pasar.

Y al final no paro de sonreír porque sé que la vida da muchas vueltas. Y no, no porque esté esperando volver a encontrarme en ciertas situación o a toparme con ciertas personas, sino porque sé que lo que hoy dejo atrás, lo dejo consciente y tranquila. No más, no importa cuanta gente no se canse de repetirme que es una actitud “mamona” y “egocéntrica” de mi parte, se que merezco mucho, mucho más de lo que estaba acostumbrada a recibir hasta hace unas semanas. En efecto, la costumbre es cabrona y es traicionera.

Total que no sé ni por que termine escribiendo este post. Supongo que me sentía inspirada y quería compartir como me siento. Un cumulo de emociones soy, ya se imaginaran, ojala pudiera ser mas especifica pero bien dicen, “the devil is in the details”, y los pecados, los pecados se quedan en casa.

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