ADIÓS 2012...


2012 ha sido en definitiva un año de cambios. Cambios personales y profesionales. Un año que me deja muchas enseñanzas, millones de experiencias y tantísimas cosas en qué pensar.

2012 no fue un año fácil, pero sí fue un año benevolente conmigo, no me puedo quejar.  2012 significó un giro de 180° a mi carrera profesional al ser  transferida a oficina México, al tener la oportunidad de un intercambio internacional que, aún y cuando no se haya concretado, me deja la satisfacción de los logros alcanzados y que, al final, no quedó en mis manos.

2012 fue el año en el que recuperé mi salud, y les puedo afirmar que, habiendo protagonizado un viaje redondo al infierno de un desorden alimenticio,  no hay cosa más valiosa en la vida que la salud, mental, física y espiritual, sin ella, no tenemos nada, no somos nada.

2012 fue un año de proyectos que se quedaron en el tintero por circunstancias ajenas a mí, más sin embargo, puedo mirar de frente y decretar éxito en este 2013, porque ahora sé de lo que soy capaz.

2012 fue el año en que me enamoré no una, sino varias veces, de la idea de estar enamorada, de sentirme querida, de dejarme de sentir ajena a esta realidad. Aún cuando sentimentalmente no fue un año “ejemplar”, estoy agradecida por las experiencias, por dejarme ver que soy más humana de lo que quiero reconocer, que soy más normal de lo que creo, que soy una chica común y corriente que busca encontrar esa plenitud, no sólo a nivel profesional sino personal también.

2012 fue el año que me quitó la máscara, dejándome claro que sí, quiero enamorarme,  que tengo mucho que ofrecer, aún cuando sea complicada, aún cuando sea melodramática, tengo mucho que ofrecer, y allá afuera está ese alguien que sabrá valorar lo que soy. Es cuestión de paciencia y de creer  que merezco lo mejor.

2012 fue, también, un año de pérdidas, un año que se llevó a gente querida de este plano terrenal, pero aún y cuando no entendamos los designios de Dios/Universo, 2012 me enseñó a estar agradecida y en paz con lo que pasa a mi alrededor.

2012 fue año de nuevas amistades. Amistades que atesoro y de las que me siento sumamente agradecida. Amistades que me recuerdan, día a día, que nunca se está completamente solo.

2012 fue un año lleno de música. Música, el motor de la vida. Me siento bendecida, cada día un poco más, por tener la oportunidad de disfrutar una de mis grandes pasiones, sino es que la más grande. La música no sólo es capaz de cambiar nuestro estado de ánimo, es capaz de hacernos soñar, de unir almas, de unir corazones, y de unir maneras de pensar, que creo, es lo más importante. Música, lenguaje universal.

2012 fue otro año lleno de viajes, dándome la oportunidad de conocer nuevas culturas, hermosos lugares. Aún y cuando 2012 fue el primer año desde 2009 que no viajé a razón de un concierto, me siento satisfecha y bendecida, porque la vida me sigue dando abriendo puertas, mundos mágicos, realidades alternas, que conocer.

2012 también ha sido un año de innumerables estupideces. Unas más grandes que otras. Y sin embargo, aún ahora,  prefiero un “lo siento” a un “¿qué hubiera pasado si?”. No regrets, right?

2012, en resumen, fue un año lleno de matices, rico en experiencias, topado de amor y fuente de constantes enseñanzas. No puedo estar sino agradecida con él, con todo lo bueno y lo malo, si es que podemos encuadrarlo de tal manera. Cada sonrisa, cada lágrima, no fue en vano, y eso es lo que hizo del 2012 un año para atesorar.

Es así que no me queda sino pedir que el 2013 venga lleno de nuevas y profundas cicatrices, porque eso significa que habré de vivirlo intensamente, día a día, sin arrepentimientos.

Y recuerden, pase lo que pase, venga lo que venga, "everything will flow".




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