DE LA IRA Y OTROS DEMONIOS


Igual no es bueno que me quede con el sentimiento pero por ahora, y supongo me oiré aún más mamona, no quiero ceder. Aprecio la honestidad en la gente pero de eso a que entre palabras te traten de pendejo, hay una enorme diferencia. Al menos no usas frases o expresiones que no quisieras usaran contigo, ¿correcto?. Pero mucha gente no lo entiende hasta que se encuentra en esa posición y cabe mencionar que si se llega a encontrar en dicha posición, victimizan y terminan encabronándose.

Nunca me he considerado una persona paciente, y por el contrario, siempre me he calificado como una persona explosiva. Cólmame el plato y tendrás una muestra, y considera que, “colmarme el plato” es tarea fácil. Y no, no es amenaza, es más bien, digamos, un tipo de advertencia, para no pasar un mal rato ninguna de las partes. Haz lo contrario y créeme que me vas a encontrar y aunque no sea ni la posición ni el momento adecuados, no voy a dejarlo pasar fácilmente. ¿Cómo detienes un incendio que ya cobró fuerza y se encuentra en medio de pleno ventarrón? Gasolina y fósforos.

El asunto es que ya me cansé, me cansé de que a la hora de opinar -dígase, aconsejar- tenga que medir las palabras que utilizo, las expresiones y hasta los gestos, lo anterior para no herir los sentimientos de los demás, y que llegado el momento, ellos no hagan lo mismo. Eso no se llama “ser honesto” o “ser directo”, también se llama “falta de tacto”. Sí, puedes ser honesto, pero sin necesidad de llegar a tener actitudes no tanto prepotendes, sino más bien displicentes.

Igual no soy la mejor para estar dando clases de qué y qué no se debe hacer en estos casos. Yo, acepto, he sido prepotente, egoísta, ególatra y más. Pero una vez que me topo con una persona que es claro espejo mío, me enfurezco, supongo porque me recuerda quién soy y qué es lo que tengo cambiar. Adaptarse, evolucionar o morir dicen.

Hay cosas que es mejor no decir, ideas que es mejor no compartir.

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