¿QUIÉN DIJO QUE EL MELODRAMA ES COSA DEL PASADO?


“La idea que me hice,
tú eras eso y más,
la luz final,
inspiración.”

(La Ecuación 1984 – Moenia)


Muchas veces las personas, las situaciones, no son lo que parecen. Solemos construir castillos de hielo donde -desgraciadamente- no los hay.

Y se me vienen muchas frases a la mente: “El león no es como lo pintan”, “Caras vemos, corazones no sabemos” , “Las apariencias engañan”.

Igual estoy completamente hecha bolas, confundida, y es que nunca pensé que una decisión -una que consideré en su momento “inocente”- me fuera a desestabilizar tanto. Y sí, reconozco que no hay más culpables que yo misma; que yo soy la única que tiene el poder de decir “Bájale tres rayitas a tu melodrama”. Igual no puedo. Igual no quiero.

Y el orgullo se me sube a la cabeza, y se corona, y me envuelve con pretextos y excusas sosas, pretendiendo darme razones “válidas” para sentirme como me siento. ¿Y por qué me siento de esta manera? ¿Por qué si estaba yo tan segura de la posición que tenía al respecto? ¿Acaso fingí tal seguridad? ¿Acaso pretendí tapar el sol con un dedo y creer que yo era la que tenía el control?

Igual ya no importa. Orgullo o no, heme aquí, escribiendo un blog que había dejado abandonado, y que hoy parece resucitar de entre los muertos, de entre los viejos demonios.

Y de verdad, el melodrama no es en vano. Aquí me ven sentada, tratando de estar tranquila y aplicar la auto-terapia con frases como “Respira profundo y clarifica tus ideas”. Qué auténtica mierda o como dirían mis amigos gringos, "bullshit". Bien dicen que no le puedes pedir peras al olmo. Pues en mi particular caso, no le pueden pedir a Barbie que sea 100% razón. Simplemente no. Así no funciono.

¡Ah, pero cómo me encanta complicarme! Yo debí ser actriz de estas de Telemundo, con lágrimas falsas el 99% del tiempo, a puro grito y sombrerazo con el “galán” de la novela que, desde el principio, a simple vista, se sabía no era sino un auténtico patán de poca monta.

Pero me gusta pensar en los finales felices, aún y cuando no de inicio no se le ve el lado positivo a la situación. Me gusta creer que al final, con determinación -entiéndase, empecinamiento-, he de obtener lo que quiero. 

¿Por qué? Porque soy una diva, una reina. Porque simple y sencillamente, lo merezco. 

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