DE TODO Y NADA



Aún me siento bloqueada. He estado evitando el momento de venir y sentarme a escribir este texto. Quizá porque no estoy plenamente convencida de hacerlo. Quizá porque tengo miedo a exponerme una vez. Quizá porque no quiero darme cuenta en qué me he convertido.

Cualquiera que sea la razón, no importa. Sé que quiero volver a escribir, que necesito desarrollar esa parte “creativa” de mí. Creativa en cierta forma, autodestructiva quizá; lamentos y confidencias que no harían felices a muchas de las personas que quiero. Y no quiero ser egoísta, es sólo que, lo “necesito”.

Desde hace ya casi un año he estado en un sube y baja de emociones. He hecho confesiones que jamás pensé hacer pero a decir verdad, no encuentro razón en haberlas hecho, porque por más que traté/trato de argumentar que fue/es para mejorar, no veo cambio alguno, sigo retrocediendo en el camino… Un paso adelante y dos para atrás. Dudas, expectación y miedo.

Hace muchos años comencé a luchar contra mí misma. Contra la percepción que tengo de mi persona. Hace algunos años ya comencé a tomar las decisiones equivocadas. Hace poco menos de un año comencé a sumergirme en una enfermedad que jamás pensé enfrentar. Y aquí estoy esta noche, sentada en casa, aislada del mundo exterior, de la “realidad” que me rodea, escribiendo lo que trato sea un manifiesto y lo que pretendo sea digerible para ustedes, esperando no ofender susceptibilidades en el camino.

Hace algunos meses me encontraba completamente negada al cambio. Hoy por hoy quiero aceptarlo y darle la bienvenida en mi vida, esperando que este cambio “externo” sea el detonante, el impulso, el empujón que necesito para finalmente salir adelante. ¿Estoy tomando la decisión correcta? No lo sé. Sólo sé que estoy hastiada de vivir en esta situación y que necesito un cambio que vuelque mi vida de manera significativa. Si el resultado es bueno o malo, no lo sabré hasta que efectivamente suceda, pero el proceso, espero, me ayudará a reordenar mis expectativas y la perspectiva de vida con la que he venido viviendo desde algún tiempo atrás.

No estoy feliz con la persona que soy. No estoy feliz con la imagen “externa” ni “interna” de Barbie. Y sí, muchos me lo repiten, -el físico no importa, no te claves en eso. Y sí, estoy consciente de que tienen razón, sin embargo, ninguno de ellos lidia día a día con lo que considero estar lidiando. ¿Suena a pretexto? Quizá. Y es esto específicamente lo que quiero cambiar. Quiero dejar de sentir lástima por mí misma, quiero empezar a quererme y a respetarme por quien soy. Quiero estar en paz conmigo misma y con la realidad que me rodea. Quiero dejar de buscar realidades alternar creyendo que la felicidad estará únicamente allí y no el tiempo presente, no en el hoy.

Y ante ello es que este cambio de residencia significa mucho más que eso. Significa un halo de esperanza para quien ha perdido casi toda fe en sí misma, para quien ha perdido la capacidad de amarse a sí misma y de amar a los demás, para quien ha dejado atrás la confianza y la auto-aceptación. ¿Tengo miedo? Por supuesto. ¿Me amedrenta? No lo creo. Es más la emoción y la fe que tengo en esta decisión que el miedo a perder todo lo que dejo atrás, de abandonar mi “zona de confort”. Necesito salir de la burbuja en la que me he encerrado y comenzar la vida que, supongo, estaba y está destinada para mí. Al menos quiero intentarlo, no me quiero rendir, quiero intentarlo.

Y se me cierra la mente. No puedo escribir más. No tengo más sobre que escribir a decir verdad. Siento que actualmente no soy sino un vago reflejo en el espejo, no tengo mucho qué contar ni mucho sobre qué escribir. Tan sólo tengo las experiencias y las malas decisiones que hoy me acompañan, y sí, la esperanza de aún encontrar la fuerza y darle un giro de 180° a este presente; de hacer tangible un futuro que por derecho me pertenece pero por el que tengo que luchar.

Comments

Anonymous said…
*El sufrir merece respeto, el someterse es despreciable. - Victor Hugo

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