REVERENDA CAGADA

Post Date:5 de Enero de 2011
Site: LiveJournal



La vida es una reverenda cagada. Y es que definitivamente, aún y cuando uno trate de verle el lado positivo a las cosas, la vida tiene la tendencia de escupirte en la cara y patearte las nalgas. Así de simple. No me interesas las razones por las que lo haga. No me interesa que me ponga desafíos. ¿Qué no entiende que por ahora quiero permanecer estable y tranquila, mental y emocionalmente? 

Pues parece que no lo sabe, o bien lo sabe y le vale un cuerno. La cosa es chingar ¿no?

Hace exactamente 6 días decidí comenzar el 2011 con bombo y platillo. Digamos, feliz. Y si no se podía de tal forma, pues al menos optimista. Y lo hice. Un “big big hurra” para mí por favor. A la cuenta de tres. Vaya, si recuerdo bien todo el proceso de la transición de año, cabe decir, buscando evitar lo que me pasó 365 días atrás (big failure). Ahí estaba Barbie, levantada desde muy temprano el 31 de Diciembre, limpiando la casa a fondo, y cuando digo a fondo, me refiero a trepada en un banco semidesnuda, lavando piso, pared y techo del baño, entre dormida y semi-drogada por el aroma de los químicos utilizados, cuyos nombres comerciales no diré por el simple hecho de no hacerles promoción. Hum.

Pues sí. Me tomo alrededor de 2 horas la limpieza a fondo. Tallando como Cenicienta. Pero lo logré. Acto seguido procedí a limpiar el resto del departamento, si no a conciencia, bastante bien, pero bueno, una vez terminada la tarea, y encontrándome sin nada que hacer hasta la hora en que tendría que recoger a Penny en la veterinaria, decidí hacer una limpieza a fondo “tipo Nata” de toda mis ropa, zapatos, pertenencias, etc. Vaya, sobra decirles que terminé no lo que se llama molida sino lo que le sigue. Bendito Dios no tenía planeado nada para la noche de Año Nuevo porque hubiera sido una bonita foto en caso contrario: Barbie tirada en el sillón más escondido del antro de moda en la ciudad de Puebla, entre ronquitos y babeos cual bebé de 1 año. No gracias!

Pues aún y con el cansancio y el dolor -literal- de todos y cada uno de los músculos de mi cuerpo, logré mantenerme despierta hasta las 12 de la madrugada para proceder a, entre otras cosas, (a) el famoso conteo regresivo (que ahora no tengo claro si comienza en 10 o en 12, por aquellos de las campanadas); (b) las 12 famosas campanadas con las 12 famosas uvas acompañadas de los 12 famosos -e inútiles, cabe mencionar- deseos (la verdad es que ni uvas tenía, así que esta actividad me la pasé por el Arco del Triunfo, además de que creo es un tanto peligrosa, ya que tenemos que en lugar de comer uva por uva, uno termina atragantándose, con la boca llena de 12 uvas a medio masticar y gritando -y escupiendo en el inter pedazos ensalivados de las famosas uvas- “¡Feliz Año Nuevo!”  y, finalmente (c) la quemada de los malos momentos vividos en el año que se va (a petición de mi madre realicé esta actividad, pero tuve que correr al baño porque por momentos incendié mi casa en el intento) y aunado a eso, el escribir, en un papelito, los deseos para el año venidero y guardar ese papelito debajo de tu almohada (deberían de ver mi hojita llena de deseos insulsos y un tanto infantiles; mi madre se sentiría orgullosa de mí al saber que mi deseo principal fue “Universo/Dios/Fuerza Cósmica/Whatever", por favor haz que vuelva a encontrarme con Brian Molko y pueda, en esta ocasión, conocerlo como persona y no como rockstar (sí, lo dejé así de abierto para que luego, de suceder -ajá sí, como si realmente fuera a suceder… se vale soñar-, el "Universo/Dios/Fuerza Cósmica/Whatever” no me salga con cagadas. 

Anyways, la idea es que empecé “con todo” como dicen por ahí. Bien dispuesta a salir del estado de letargo extremo -porque realmente supera el letargo común y corriente- en el me encuentro, tanto a nivel personal como profesional. Así fue que continué con las buenas intenciones. Sí, intenciones que no dejé en tal concepto sino que las volví realidad. Al día siguiente podían ver a Barbie corriendo por el circuito de su alma mater, la UDLAP, entre jadeos y sofocos, pero retomando el ejercicio a fin de cuentas. Acto seguido podían verme sentada en un rinconcito de pasto de dicha institución, comenzando a leer el workbook del que les hablé con anterioridad, “The Artist’s Way”, el cual, muy a mi sorpresa, resultó más interesante en la lectura -no así en la práctica. Véase mi “paso a paso” en este LJ-.

Vaya, hasta orgullosa me sentía de mi misma. Me aplaudía en la mente. Me ovacionaba en mis sueños. Pero todos sabemos que lo bonito no es eterno y que, finalmente, muchas de las buenas intenciones se quedan en ello, en intenciones; intentos fallidos de una vida que pudo ser mía y que, como dicen en el futbol, la tenía y se me fue.

Todo iba perfecto hasta el momento de regresar al trabajo. Qué jodida angustia me agarró la noche del Domingo pensando en los 1500 pendientes que tendría que resolver al sentarme a primera hora en mi lugar de trabajo, los 800 mensajes de voz de los clientes requiriendo respuesta pronta a sus solicitudes, mi jefa de regreso de vacaciones con cero ganas de trabajar, aún en “office mood off” y pasándome sus pendientes para volverme loca, ¡por qué no!. Ello y la cuestión a la que le he venido dando largas desde hace 2 años y que ahora, tal parece se materializará, muy a mi pesar cabe aclarar, en el mes de Marzo entrante: la Especialidad en Impuestos.

Y es que aunque todo mundo me felicita por el posible ingreso al post-grado, la realidad es que ni quiero, ni me interesa, ni me apetece cursarlo. Y es muy simple la razón, odio la materia fiscal. Ello sumado al hecho de que estoy haciendo esto alentada -tradúzcase, “presionada”- por mi propio lugar de trabajo y al hecho de que la Especialidad aún y cuando logren conseguirme una beca por parte de la Firma en la que me encuentro, tendré que pagar un porcentaje que traducido en Pesos Mexicanos me jode mi estatus económico actual considerando el salario que recibo. Me partieron la madre. 

Y existen aún más peros -sí, soy la chica que podría apellidarse “pretextos”, “contreras”, “negativismo”-. No sólo me viene a romper el esquema en materia económica sino también en cuanto a tiempo libre -que, como ya sabemos, es bastante poco a razón de las 12 horas diarias trabajando para una Firma que al final de cada año me paga con mi tocaya, la moneda llamada “pretextos”-. Y es que ahora, los estudios que tendré que cursar por un largo año, durante cada fin de semana del año, incluyen un horario extenuante y además, invasor de mi fin de semana; tiempo que solía ocupar para hacer las labores de limpieza de la casa, pagos de servicios, entre otros, a consecuencia de que entre semana, simplemente resultaba imposible. Ahora tendré que estudiar de jueves a sábado, 5 horas cada día, procurando no morir en el intento. Eso y el hecho de que, considerando que jueves y viernes he de tomar una hora y media de mi horario laboral -ese que es ficticio porque nunca lo respetan-, ya me vi trabajando de lunes a miércoles, saliendo de la oficina, sin falta, a las 11 de la noche. 

No estoy dispuesta. Y no se atrevan a llamarme negada y falta de disposición. Sacrificios he hecho muchos para esta Firma, y el problema es que ya se acostumbraron los muy huevudos. No estoy dispuesta a dar mi último suspira de vida y sanidad mental y física para que el Octubre siguiente me digan “lo sentimos, por la situación que se vive en el país, estando en crisis, tampoco podemos subirte el sueldo este año”. Que no me vengan con otro cuento barato. Y mientras tanto, yo invirtiendo mi tiempo, mi esfuerzo y mi dinero, en algo que ellos quieren que estudie y que si bien tiene relación con el Área Legal de manera general, no es la actividad principal a la me dedico. No quiero. Me niego y seguiré negándome hasta el día que deje esta Firma (negándome en vano porque falta comentarles que llego muy mona el día de hoy, un tanto somnolienta, y lo primero que veo es un correo de mi Socio Director Nacional mencionando: “el asunto de tu Especialidad en Impuestos va caminando bien, ya sea que lo estudies en Puebla o en DF, creemos que se va a lograr algo” ¡Carajo! Y ahora cómo le explico al Socio Director Nacional de la Firma que no quiero. ¿Le llevo mis estados de cuenta? ¿me hago un examen psicológico para que vea que un granito más al jarro va a terminar en una crisis de nervios? Ya ni llorar es bueno. Leí, respiré hondo y cerré el correo. Y me tragué la angustia nuevamente).

Y aquí estoy. Sentada sin querer hacer nada, y dándole vueltas al mismo tema que me hizo devolver el estómago el día de ayer durante todo el día. El mismo tema que hace que me despierte por la madrugada con una opresión en el pecho. El mismo tema al que yo podría dar un punto final si tuviera los huevos de decirle a mis jefes “no quiero, no lo voy a hacer y háganle como puedan”. Y en lugar de eso, me consumo en silencio durante el día y exploto en llanto por las noches.

La vida es una reverenda cagada, sí, pero porque yo lo quiero así.


"¿Por qué contentarnos con vivir a rastras cuando sentimos el anhelo de volar?"

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