MI PEOR ENEMIGO: MYSELF

Post Date: 25 de Enero de 2011

"Easy is not easy"

La verdad es que este ha sido uno de los retos más difíciles a nivel personal. ¿Y cómo no si se trata de dejar no sólo un comportamiento vicioso sino también una verdadera enfermedad? El día de ayer, ante la noticia de que no había bajado absolutamente ni un gramo y que, peor aún, me sentía inclusive más hinchada, me dio el bajón total. Literal. Terminé llorando en la clase de yoga por la frustración tan grande que sentía en ese momento. No podía apartar de la mente el tema del peso, de mi enfermedad y de las decisiones que tome al respecto, cuestionándome si había sido lo mejor. Ayer maldije a todo mundo y junto con el mundo a Dios. Y pido una sincera disculpa porque sé que, a final de cuentas, no hay más culpables que yo misma, que me metí en esta situación y ahora me está costando un huevo y la mitad del otro (que no tengo) salir de ella.

No, no soy perfecta. De hecho llegando a casa continué con mi comportamiento non-sano, me serví un platón de cacahuates y los devoré. En cuestión de 15 minutos había devorado el “festín” y en cuestión de otros 10 minutos, había logrado “eliminarlos” de mi organismo. –Me estoy volviendo realmente buena en el arte de la bulimia. Pensé en ese instante. Pero inmediatamente el pedacito de cerebro que aún funciona, la mirruña de piedra que aún me gira allá arriba, me recordó que no era un acto para sentirse orgulloso, al contrario, era un acto que debía hacerme sentir preocupada, sí, preocupada por seguir jugando de esa manera con mi salud, atentando contra mi integridad física. Pero así como la parte sana de mi cerebro atacó los malos pensamientos, éstos regresaron casi de inmediato para dar batalla (es claro que después de 5 años de dominio absoluto, de monarquía inquebrantable, no podían dejar se abatir así de fácil). Y esa pequeña vocecita en mi cabeza me repetía –Vuelve a tomar píldoras, al menos ayúdate.

Tome las píldoras arrumbadas en el cajón (sí, lo sé, es mi culpa por no haberlas tirado a la basura o al inodoro) y las puse en mi buró, con la intención de tomar la típica píldora en ayunas por la mañana recién sonara mi despertador para, media hora después, comenzar con mi rutina de ejercicios. Me quedé dormida (me forcé a hacerlo ya que estuve leyendo que la depresión también se desencadena por la falta de sueño y descanso). Al despertar, recuerdo vi las píldoras y me dije –No Bárbara, date la oportunidad de ser feliz. Todavía puedes ser feliz y vencer esta enfermada. Y sí me levanté, arrumbé nuevamente las píldoras y me puse a hacer ejercicio. No sucumbí ante la tentación de las pastillas. La verdad fue difícil, no lo niego; pero tampoco niego que esta lucha se está volviendo un proceso del que estoy aprendiendo mucho, y sobre todo, de mi misma.

Hoy me siento un poquito mejor. No al 100% pero mejor. Sólo quería compartirles esto.

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