Y NO DESEO OLVIDAR...


Everybody's gotta learn sometime

Hacía algún tiempo ya que no veía la película “Eternal Sunshine of the Spotless Mind” y ahora que, recién acabo de verla, me deja con un sabor a nostalgia tremendo.


¿Cuántas veces no hemos deseado borrar de nuestra mente, de nuestra existencia, ciertos recuerdos? ¿Cuántas veces, envueltos en lágrimas o en rabia, no hemos rogado por no haber conocido a tal o cual persona? ¿Cuántas veces hemos cuestionado a "Dios/El Universo/Whatever" por ponernos en determinada situación que, a nuestros ojos, es del todo incómoda o injusta?

Al menos yo sí lo he hecho… repetidas ocasiones, debo aceptar. Y es que cuando nos encontramos viviendo ese momento de "luto" -ya sea en relación con alguien o con algo en específico-, cuando el dolor, el sufrimiento, la decepción, la ira, la rabia nos exceden, cuando el vernos en la completa imposibilidad de entender por qués absurdos nos hace sentirnos estúpidos y en ocasiones hasta humillados, es en ese momento que deseamos que todo hubiese sido un sueño con la posibilidad de despertar y ver la luz del sol entrar por nuestras ventanas, con la posibilidad de oír el canto de las aves en nuestro jardín, con la posibilidad de poder volver a sonreír sinceramente dejando en el cesto de basura las caretas que vestimos la noche anterior.

Sí, sí lo pensé… Y sí, inclusive lo llegue a rogar, "Dios mío, ¿qué te he hecho yo para que me pase esto?"... y aún suelo hacerlo, de manera poco menos recurrente.

Ahora que he vuelto a ver la película, se puede decir que tuve un tipo de regresión a través de todos esos momentos que alguna vez desee borrar de mi memoria… no con respecto a alguien o algo en específico, sino a su conjunto, de manera general. Y es ahora que, el simple hecho de pensar que en algún momento deseaba con alma y corazón eliminar algo de mí, eliminar una parte de mí, me resulta estúpido y sí, ocioso.

Por ahí dicen que no debemos clavarnos en el pasado. Que el pasado es sólo eso, pasado. Pero también es cierto que las personas que somos hoy, lo somos por las experiencias vividas, buenas o malas, felices o tristes. Lo somos por nuestros éxitos y fracasos en cada uno de los ámbitos de nuestra vida, lo somos por cada sonrisa desplegada en nuestros rostros y también por cada lágrima derramada por nuestros ojos. Lo somos por cada noche en vela, por cada opresión en el pecho con sabor a soledad, por cada instante que sentimos miedo del mañana, por cada amanecer que nos resultaba inapetente. Lo somos por el dolor de perder a un ser amado, por la impotencia de no obtener el trabajo deseado, por el miedo de no aprobar un examen. Lo somos por ese beso que recibimos, por esas caricias no esperadas.

Si hoy somos lo que somos es, en gran parte, a nuestro pasado.

Hoy no quiero borrar memorias, no quiero enterrar recuerdos. Hoy quiero sacarlos de la caja, desempolvarnos y embriagarme en el aroma a viejo que desprenden, como el aroma de un libro de biblioteca. Hoy quiero recordar quien fui y quiero aceptar quién soy esta noche.


Soy un manojo de memorias apolilladas, pero, de una u otra forma estoy segura que cada uno de esos huecos, cada uno de esos vacíos que se han ido formando a lo largo del camino, serán llenados por otros recuerdos, por más experiencias, por nuevas fotografías mentales.

Y hoy he entendido que soy mi pasado, sí; pero también hoy he aprendido que soy la promesa de un nuevo despertar.


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