¿Cómo?

Hay que tener aspiraciones elevadas,
expectativas moderadas y necesidades pequeñas


Es un tanto difícil explicar el sentimiento que me está, literalmente, carcomiendo en vida.

A tan sólo 2 días de mi partida a Chile, me siento completamente perdida. Muchos me dicen que debería estar disfrutando desde ya esta maravillosa experiencia y es entonces que me siento mal… mal porque disto de estarla disfrutando, al menos por ahora.

Si bien soy una persona en suma medida aprensiva, no dejo de decirme a mí misma, “esto no es normal”. No dejo de buscar una causa “justificada” a la ansiedad que siento y que desde hace día ha nublado mi raciocinio en extremo.

No he dormido, no he comido bien… las náuseas me atacan a lo largo de todo el día y llegada la noche, no puedo ya respirar con normalidad… el pecho oprimido hace que me levante en las madrugadas, presa del pánico -siendo sincera, no sé a qué precisamente- y devuelva el estómago, dejando allí lo poco digerido en el día.

Mi mente trabaja a mil por hora, creando escenarios de mi visita, destruyéndolos y volviéndolos a reconstruir… una y otra vez… sin descanso alguno… una y otra vez… haciéndome presa de un miedo a lo desconocido, a la incertidumbre de no saber qué irá a pasar estando allí. Y no, no le tengo miedo ni a los temblores, ni a los desastres naturales, ni al crimen ni a las guerrillas. No le tengo miedo a todas esas circunstancias o situaciones que, por “lógica”, podrían despertar cierto temor en un turista… no. Mi temor estriba en las expectativas que he venido creando a lo largo de todo esta parafernalia preparatoria al viaje acerca del concierto de Placebo y es entonces que, pensando en ello, siento nuevamente esa opresión… esa traba para poder tragar saliva adecuadamente… ese peso en el cuello, ese miedo que paraliza.

Y sí, es una tontería lo sé… puede que muchos no entiendan… que no me entiendan… y es que finalmente los pocos que me conocen de raíz, saben que hay mucho más en este “temor”, que hay circunstancias que lo agravan, que me hacen temer de cierta manera -idiotamente, si así lo quieren calificar- mi estadía en cierto lugar y cierto momento. Tengo miedo de no “dar el ancho”, de no “cubrir las expectativas” ajenas... ¿Cuáles? Sinceramente lo desconozco… Tengo miedo de recibir lo contrario a lo que espero... sí, malditas expectativas… por algo dicen que lo mejor es no esperar nada… o al menos, no esperar mucho.

Pero, explíquenme, sinceramente, ¿cómo he de suprimir las expectativas propias y aquellas que se hayan forjado terceros? ¿cómo he de desaparecer, o al menos evadir, el miedo que siento por lo que espero de un simple y llano concierto? ¿cómo fue que se volvió tan importante para mí seguirlos como para verlos dónde sea necesario muy a costa de mi salud física y mental? ¿cómo no esperar una noche mágica cuándo he sido testigo de experiencias enriquecedoras de 2007 y de videos que queman el alma en el deseo de sentir esa pasión nuevamente? ¿cómo dejar de cuestionarme si estoy haciendo lo correcto, viajando desde México, para tenerlos a escasos metros de mí? ¿cómo no sentirme estúpida al contarles esto?

¿Cómo?

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