Sudden Rewind


"Let's rewind here, start with the proper introductions"


El mundo gira y gira y se rebobina constantemente… No hay duda que las cartas se vuelven a tirar sobre la mesa… nada está escrito, nada está dicho, nada está fatalmente determinado.


Y aún y cuando ciertos giros aparecen para recordarnos que un “determinado” momento no estábamos del todo errados, para recordarnos nuestro valor como seres humanos -aquel que no deberíamos perder nunca ante nada ni nadie-, no dejo de analizar la situación y pensar que, más que un punto bueno al ego, viene a fungir como un strike más al mismo.


Y es que finalmente, el que ciertas personas/situaciones regresen/se repitan en tu vida, a veces trae consigo más confusión de la necesaria, sobre todo cuando no se está pasando por un momento muy coherente e iluminado que digamos… Con esto no quiero decir que nos veamos afectados por la persona/situación en cuestión “per se”, sino más bien, nos vemos afectados por los sentimientos/pensamientos que se agolpan en corazón/mente al vernos ante tal disyuntiva.


Hoy que lo veo en retrospectiva, qué fáciles eran las cosas y qué complicadas las tendemos a tornar con el paso del tiempo. Hoy diera muchísimo de mí por recuperar ciertos momentos, determinados segundos clave… cambiar ciertas actitudes, borras ciertas acciones, poner “mute” a ciertas palabras emitidas por mi boca. Hoy diera un poco de mí por verme en una situación pasada pero de una manera distinta y sí, ya sé que muchos de ustedes deben de estar pensando -Pobre vieja! Ya va de nuevo para atrás, como los cangrejos! Pero no, más bien creo que me he vuelto más receptiva y empática con lo que me rodea y de cierta manera, a través de la repetición y constante aparición de “X” o “Y” en mi vida -la que no he de negar no deja de sorprenderme- me está enseñando a aceptar mis errores, y más que ello, a reconocerlos abiertamente, a dejar de tapar el sol con un dedo, a madurar.


No es fácil quitar el “curita” y abrir la herida nuevamente. No cuando la misma no ha cicatrizado. Y es que, finalmente, hace pocos días me di cuenta, por fin, que ciertas heridas personales, pasadas, muy pasadas -o que al menos yo creía así- no han sanado o, a decir verdad, no las he dejado sanar. Sí, las limpié, las desinfecté, les puse su dosis de Vitacilina y las cubrí con un curita, pero nunca me ocupé de verificar que la herida hubiere cicatrizado, simplemente dejé allí el pequeño pedazo de plástico, a manera de recordatorio, intentando fungiera como protector de la llaga… y hoy, hoy me doy cuenta que no la dejé respirar, no la dejé cicatrizar y que debido a ello, me encuentro ante una infección obviamente más grave, ya no se trata nada más de una herida pequeña e insignificante, ya no es sólo un “rasguño de gato”, se trata ahora de una gangrena que ha se ha apoderado de gran parte de mí, envenenando todo a su alrededor y alterando es esto de realidad -poco o mucho- que queda en mí.


Y no, no es que me encuentre sufriendo en este momento, de hecho me encuentro bastante serena, sin dolor, aunque muchos lo crean posible. Mis palabras nacen, más bien, ante la necesidad de hacerles saber lo importante que es no sólo limpiar y desinfectar la herida, pretendiendo que con ello la misma quedará curada, sino también, el asegurarnos, en su debido momento, de que dicha herida ha cicatrizado debidamente, y si no es así, no dejar de darle importancia, no dejarlo para mañana, y acudir al médico si es necesario, porque de lo contrario, se verán con una laceración aún más grande, aún más profunda, aún más difícil de sanar.


Y el aprendizaje no termina ahí. Aún sigo tratando de entender -muy a mi manera tan particular de ver las cosas- el por qué de ciertas “repeticiones”, el porqué del constante “rewind”, aún y cuando sé que no encontraré respuestas certeras, aún y cuando sé que mi talón de Aquiles es precisamente ese constante cuestionamiento, aún cuando sé la respuesta, aún y cuando sé que la respuesta no es la que quiero y, precisamente por ello, tapo el sol con un dedo, hoy, sólo hoy, y me hago tonta, me hago la desentendida y le digo al mundo, “no entiendo”.


Bárbara



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