Becoming Real


Me caracterizo por tirarme al drama… la gente que me conoce lo sabe, lo entiende. Digamos que me reconozco con unos cuantos trastornos mentales -y necesariamente, emocionales-: “bipolaridad”, “borderline” o “volubilidad”, cualquiera de ellos, describe en gran parte el ser, el alma -si es que en realidad existe tal-, que habita en mí.

Hace poco dos amigas me comentaban la actitud que he mostrado en los últimos días, cuando la verdad ni yo misma entiendo de dónde viene tal forma de actuar. Me cuestiono y le busco la contraria a tal afirmación… Me pregunto por qué la gente mirará en mí esa sonrisa que me cambia, o ese aire desafanado que me ilumina... y, a decir verdad, me pregunto por qué razón, yo misma, no puedo creer que sea verdad…

Oscuridad, drama, depresión, inestabilidad se me vienen a la mente y, sin embargo, no creo estar en una situación de abuso ante tales… Egoísmo, miedo, soledad… creo que son más atinadas… La búsqueda de mi misma… es la razón que encuentro más certera.

Y no puedo evitar preguntarme: ¿Por qué sigo buscando el lado oscuro de las situaciones? ¿Por qué sigo buscando tener todo aquello que, al final de día, no significará un beneficio para mí? ¿Por qué? Y para rematar -tristemente lo acepto-, todos esos cuestionamientos siempre van acompañados de otro más: ¿Por qué no hacerlo? Bien dicen que sólo se vive una vez ¿no?

Pues sí, efectivamente, sólo se vive una vez -al menos no conozco persona alguna que sea inmortal o que tenga 9 vidas como los gatos-, pero también cierto es que hay que saber distinguir las situaciones que pueden no ser tan satisfactorias como pensamos y que, necesariamente, pueden traer más contras que pros a nuestro paso por esta vida… Y heme aquí, pensando nuevamente, en que lo hecho no ha sido en vano, no ha estado tan mal y que, simplemente, son experiencias que me tocaban vivir… ¡Qué fregada contracción la mía!

La verdad es que no sé a qué demonios viene todo esto… Me sentí con ganas de escribir creo… pero no puedo externar todo, no logro aislar cada uno de mis pensamientos ni de mis sentimientos… No logro cuadrar las palabras con mis emociones… Simplemente me encuentro ante una imagen en el espejo que sigo sin reconocer… ¿Querré encontrar a aquella persona que un día fui? ¿No es eso inútil y hasta absurdo? Las personas cambian, evolucionan… De alguna manera somos como la energía… transformándonos continuamente en cuerpo y mente y, aunque la esencia que nos caracteriza permanece, también es cierto que un sinfín de circunstancias y de acontecimientos pueden lograr opacar y hasta esconder esa esencia, haciéndonos actuar y pensar de maneras que jamás hubiésemos imaginado en un pasado .

Cuando miro atrás y soy capaz de reconocer los errores cometidos, es cuando creo que realmente estoy creciendo… pero siempre llega ese momento en que, sin importar cuánto daño me llegue a causar, estoy dispuesta a repetir la escena… Dicen por ahí que uno deja de recaer, de tropezar con el mismo obstáculo, única y exclusivamente cuando realmente ha aprendido esa lección… Yo no puedo más que preguntarme: ¿Será cierto? ¿No es posible que, aún aprendida la lección, decidamos reincidir?

Sinceramente creo que la respuesta es sin duda un sí. Para mí no hay placer sin dolor, no hay alegría sin tristeza, no hay tranquilidad sin inestabilidad. Para mí, todo lo obscuro, lo indigno, lo malo, es lo que hace que realmente valoremos lo que tenemos, lo que somos… Es lo que necesariamente da significado a nuestra vida. Todo depende del cristal con que lo mires y lo evalúes.

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