El Precio De Tus Actos

“Tú, y nadie más que tú, después de joder, te sabes esconder muy bien”

Nuevamente apareces, nuevamente rogando atención… Sinceramente no entiendo, o puede que, entendiéndolo, no lo quiera aún creer. No puedo obviar el “sentimiento” encontrado que se despierta en mí, producto de tu súbita presencia.

Y el orgullo renace, y el ego se hace presente. Y me resulta un tanto patético el tener que recordar tus últimas palabras, crudas e insensibles, para ser fuerte, para tener la entereza de decir “no”, para mandarte a la chingada, para no quererte más cerca de mí. No puedo sino recordar el tortuoso camino que yo misma me labré, escribiendo la dolorosa historia que, de principio a fin, no fue más que un pobre monólogo interpretado por una triste versión de mí.

Hoy me siento capaz de aceptar mi aprendizaje, que aunque en un pequeño porcentaje, constituye al final del día lo que puedo llamar un triunfo en mi vida. Dicen que las cosas pasan por algo, que todo en esta vida terrenal se basa en el fenómeno “causa-efecto”, que el “karma” existe, que la “justicia divina o espiritual” nos acompaña en cada paso, en cada instante de nuestra existencia y a través de todas y cada una de las vidas que hemos tenido la oportunidad de experimentar; pues me declaro ferviente creyente de tales aseveraciones…

Aún así, se me hace insólita tu postura, tu cinismo y tu descaro. En ocasiones me pregunto: ¿Qué habré hecho en vidas pasadas, que haya sido tan grave como para tener que encontrarme con un individuo de tan dudosa calidad humana? Supongo que no acabaré de aprender la lección en tanto siga esperando una respuesta que sólo te atañe a ti y a la manera en que busques tu propio crecimiento personal y espiritual. ¿Es acaso que debo entender que cada quien actúa de acuerdo a su nivel de conocimiento y escala de evolución? Pues qué poco evolucionado resultaste ser… ¿No es para que ya hubieras aprendido de las experiencias vividas?

No puedo permitirme creer más en tus palabras, porque sé que finalmente, el único afán en ellas es obtener tu único y egoísta beneficio y satisfacción personal.

Esta vez no puedo ni tan siquiera esperar a que me cuentes una historia falsa que te pueda comprar… No puedo sino recordar que no hay nada en este mundo que me vuelque a la disposición de cambiar de parecer y entregarme nuevamente a ti.

“Tú y solamente tú, puedes entender, el precio que pagaste ayer”


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