Profits & Losses


Como he tenido tiempo de hacerlo estos días, he evaluado reiteradamente, he valorado y priorizado continuamente, lo que pasa en estos momentos en mi vida. La verdad es que no puedo quejarme, tratando de ver las cosas SIEMPRE desde el punto de vista positivo, he sido capaz de disfrutar inclusive los momentos que era incapaz de saborear con anterioridad, y he sido capaz de tomar las cosas con más calma, en ciertas ocasiones, no puedo decir que sea un cambio radical en mi porque, ey! Sigo siendo en gran medida la Barbie obstinada y terca de diario, hasta la muerte.

La verdad es que me parece increíble lo bien que me he sentido en estos días. Los acontecimientos, aunque cotidianos, han sido exprimidos al máximo, han sido degustados y puedo decir, de un tiempo para acá ha sido sumamente el sabor ha sido definitivamente satisfactorio.

¿Qué he hecho para que todo cambie tan de repente? Simplemente dejé de auto compadecerme y etiquetarme como la “víctima”, porque ciertamente podía interpretar, una y otra vez, el papel de víctima… ¿víctima de quien?... puedo decir que de mí misma, de mis miedos, de mis frustraciones, de mis vicios. Ahora Barbie se siente más tranquila consigo misma, y puede darse cuenta, de manera clara, que muchas de las cosas por las cuales ella sentía cierta responsabilidad, no eran realmente su culpa, no eran consecuencia de sus actos ni de sus palabras.

Hace unos minutos, al recibir la típica frase del día que muchas veces suelo mandar con un pensamiento, a veces tonto, a veces irónico, a veces profundo (a mi manera de ver), pude sentarme un rato a pensar y reflexionar sobre la misma que decía más o menos así:


“En la vida no hay una ganancia que no venga acompañada de una pérdida”


¡Y cuán cierto es! En la vida nada es de un sólo color, de un sólo matiz, de un sólo sabor… La vida fue hecha para saborearla, para disfrutarla, como el placer que representa la misma. Definitivamente la diversidad de contrastes con que nos topamos a lo largo de los años que vivimos es excitante. Cada matiz, aunque a veces no sea el esperado ni el deseado, es sin duda un aliciente a seguir probando, a continuar degustando el platillo que se nos ha entregado en charola de plata… ¿Por qué en charola de plata? Porque es un regalo tan grande, tan importante, y aún así, se nos da sin pedir nada a cambio, al contrario, se nos da con la esperanza de que cada uno de nosotros, podamos sacar lo mejor de nosotros mismos de ese oxígeno, de esa agua potable, de ese tiempo “prestado”.

¿Qué sería de nosotros si nuestro camino fuera redundante, sin cambios, rutinario? Simplemente perderíamos el interés por seguir en él ¿no es así? En cambio, habiendo tantas puertas, tantas brechas, tantas opciones; teniendo la oportunidad gratuita de elegir qué hacer, qué construir y, teniendo la posibilidad de enmendar las decisiones tomadas con anterioridad, es que somos capaces de disfrutar cada momento, cada bocanada de aire, cada pequeño sorbo de agua, cada rayo de luz al despertar.

Es por eso que esa frase es tan cierta. Cada concepto tiene su opuesto, su antónimo. No habría triunfos deliciosos sin fracasos previos, no habría alegrías rejuvenecedoras sin lágrimas ni sufrimiento, no habría satisfacciones excitantes sin desilusiones enajenantes. Seríamos incapaces de amar con mayor intensidad de no haber conocido a aquella persona que nos rompió el corazón; seríamos incapaces de valorar a un amigo si no nos hubiere defraudado esa persona que creíamos nuestro “cuate”; simplemente, seríamos incapaces de madurar de no haber pasado por tragos tanto amargos como felices. Seríamos como robots, como entes sin raciocinio, sin capacidad alguna de elegir, de pensar, de sentir.

La frase reza: “Cada ganancia viene acompañada de una pérdida”. En este momento, un tanto optimista y emocional, puedo decir que la prefiero así: “Cada pérdida viene acompañada de una ganancia”. Y es que cada tropiezo, cada desilusión, cada fracaso, vendrá siempre aparejado a un aprendizaje, a una revaloración de nosotros mismos como seres humanos, en todas sus facetas, y se convertirá entonces necesariamente en experiencia, y ésta, si sabemos aprovecharlo, en aprendizaje.

Y aunque siempre tienda a quejarme de esos malos momentos, quiero agradecer cada circunstancia que me hizo cuestionar si seguir o no adelante; quiero agradecer a cada persona, que consciente o inconscientemente me falló pero, también quiero pedir una disculpa a esas personas, una disculpa por crear expectativas más grandes y más ambiciosas de las que realmente ameritaba ese momento en mi vida.

Hoy por hoy, evaluando mis 28 años de vida, soy capaz de vislumbrar las ganancias, de sentirlas tangibles y lo más importante, puedo darme cuenta que, a través de muchos tropiezos y golpes, unos duros y muy dolorosos, otros simplemente insulsos, he sido capaz de cosechar más ganancias que pérdidas, porque sin duda alguna, a veces a punta de regañadientes, a veces por iniciativa propia, he tomado la decisión de convertir cada pequeña o grande experiencia en MADUREZ.

Comments

Mandin said…
=)
Mandin said…
=)

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