28 Years Today, Many Years To Go!


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He intentado escribir este post una y otra vez y se ha hecho cada vez más difícil plasmar la maraña de emociones que el día de hoy tengo dentro de mí. Despierto temprano y puedo ver el sol apenas saliendo, oir las aves cantar, escuchar el apenas imperceptible movimiento de la gente que, aún en domingo, se levanta temprano para trabajar o simplemente comenzar con sus actividades rutinarias. Estos últimos días han sido sin duda los más díficiles después de mucho tiempo según recuerdo. Y es que Julio es un mes que reúne, a mi forma de ver, de sentir, de existir, todos mis miedos, todos mis fantasmas.

Es extraño, el entender cómo y porqué razón se dan las cosas, las situaciones... Hace poco recibí una noticia que me lleno de alegría, que me hizo dejar de cuestionar, por un instante, el hecho de haber de decidido y permanecido en una situación, en un lugar, en un momento. Sentí que al fin había llegado el reconocimiento y por ende el empuje que tanto necesitaba para permanecer. Me sentía feliz, me sentía "realizada", me sentía, como dicen algunos, rebozante de alegría. Pero duró poco, y no porque la noticia fuera menos que las siguientes, sino porque siemplemente, al ser una persona tan emocional, cada situación que produzca en mí tal emoción, buena o mala, se acumula, se acrecenta, se mezcla y, finalmente, me deja sin aliente, confundida, como estática, sin saber que decisión tomar.

Viene la inevitable pregunta -¿Daré el ancho?- y es aquí cuando el cuestionarme, se vuelve un tanto no sano. Y comienza el miedo, la incertidumbre. El cambio siempre ha desencadenado un doble efecto en mí, una angustia que llega, invade y destruye, y después, al tiempo en que la tormenta acaba de pasar (y esto porque suelo convertir un vaso de agua en tormentas estrepitosas), la sensación de satisfacción y un tanto de madurez a nivel personal. El cambio es sinónimo de incertidumbre, y la incertidumbre ciertamente no va de la mano con mis convicciones. Para mí es como una enfermedad, no terminal, pero sí de esas que son difíciles de erradicar, de esas que tumban y de las que resulta difícil sobrepasar. Pero el sentimiento es doble, porque sé que esto implicará necesariamente crecimiento concatenado en todas las áreas de mi vida, inclusive a nivel espiritual, porque sé que poco a poco seré capaz de encontrar la paz interior que tanto requiero.

Una vez tranquilizada respecto de este asunto, viene la noticia que me movió el mundo el entero. Y quizá terceros no sean capaces de entender el maremoto que se produce dentro de mí. Lo importante es que yo lo siento y que nuevamente elijo ser víctima, víctima de una situación que aunque hoy duele, sé que también pasa porque es el momento correcto, el tiempo preciso en el cual debe de suceder. Inevitablemente comienzo a cuestionarme, nuevamente, y esta vez poniendo en riesgo mis convicciones y mi tranquilidad en el ámbito laboral.

Y la gente se pregunta -¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué tanto alboroto?- y al escribir esto ya las lágrimas corren por mis mejillas. Hace tiempo, terminando la universidad, tome la difícil decisión de quedarme en este lugar o regresar con mi familia. No sé si egoístamente me incliné por la primera opción. -¿Por qué egoistamente?- Simplemente porque las razones básicas para mí, las que fueron de peso para permanecer lejos de mi gente no son sino personas, que siendo importantes en mi vida, no puedo decir que lo sean más que mi propia familia. Pero sentía la necesidad de refugiarme en ellas, de estar a su lado, y hoy sin duda se han convertido en familia, en apoyo, en pilar, aunque las circunstancias a lo largo de estos 4 años hayan cambiado drásticamente.

Hoy, una de mis mejores amigas, sino es que la mejor, se va, se aleja. Y entiendo perfectamente que el cambio es necesario y vital, no sólo para ella sino para mí de igual manera. Y no sé si vuelvo a ser egoísta, pero quisiera que no hubiese tomado tal determinación, porque extrañaré sus palabras, sus consejos, su compañía, sus risas, sus lágrimas... Extrañaré cada momento que hemos pasado juntas, cada instante que hemos compartido y hecho una experiencia invaluable en nuestras vidas. Sí, siento que la tristeza aún sigue, aún no recupero al 100% la claridad de mi mente, pero también me siento dichosa de contar en mi vida con personas como ella, sinceras, nobles, sencillas, siempre presentes, y por ello su partida duele aún más. Cuando pensé que estaríamos un año más juntas, para compartir nuevas experiencias, el cambio que se suscitaba en mi vida, ella se va. Y se va para crecer, para madurar, para aprender, y lo entiendo.

La noticia, aún no asimilada, provocó un efecto colateral en mí. De la mano a esta decisión viene no sólo la separación física de las amistades (porque en corazón siempre permaneceremos unidas), sino también una nueva toma de decisiones, un repentino cambio, cual terremoto, que me vuelca nuevamente en incertidumbre, en miedo, en angustia. Y tengo que dar el paso. Soy fiel a la frase "las cosas pasan por algo" y, en este caso, sé que una fuerza superior pone en mí esta nueva prueba, para fortalecer mi carácter, para madurar. La idea de la soledad me asusta pero a la vez creo que ya es hora de comenzar a enfrentar mis fantasmas, esos que se han ido sumando, poco a poco, y me han apocado cada vez más. Y aunque he vuelvo a cuestionar si quedan "razones" por las cuales seguir aquí, de pronto, aquella primera noticia que me llenó de alegría, se ha vuelto, no sé si el obstáculo o una razón como tal, por la cual no puedo partir, no puedo regresar con mi gente, no puedo tirar a la basura los 3 años construidos, siento que me hace falta más aún. El tiempo sigue pasando, sigue avanzando y no deseo quedarme estática ante su paso. Me cuesta pensar en la experiencia que estoy apunto de vivir pero a la vez me conforta el saber que será benéfica, que significará un triunfo más en mi vida, tarde o temprano debo dejar la angustia atrás y sacar las fuerzas para salir adelante en esta situación. Y puede que sea difícil al principio, puede que siento tan emocional tienda un poco a deprimirme, pero necesito aprender, nuevamente, a vivir en paz conmigo misma, con mi soledad, con mi persona. No sé exactamente al día de hoy a qué tengo tanto miedo de enfrentarme pero siento que de no hacerlo, seré incapaz de seguir adelante a plenitud en mi vida.

Sumado a todo esto llega la fecha que lastima, que me hace recordar su ausencia, una vez más y que me suele tirarme al piso, como si me hubiesen dado un golpe en seco, para quedar allí, tendida, el tiempo en que decida jugar una vez más, el papel de víctima que siento ya tengo ganado. En esta ocasión, contrario a mis predicciones, no resultó tan malo. El 10 de Julio me trae muchos recuerdos. El cumpleaños del ser que más significaba en mi vida es sinónimo de ausencia y es anticipación al tiempo que marcará, en 3 días más, un año más de vida en mí. El estar consciente de que se avecina un nuevo año, sin él, es difícil, pero no puedo seguir viviendo así, con eterno dolor y sin intentar tan siquiera un gramo de resignación. Si bien es cierto el dolor existe, es palpable, y sé no se irá, también es cierto que tengo el poder de elegir de qué manera sobrellevarlo, puedo elegir cómo vivir con él. Y es un tanto cómico, y de pronto real, el darme cuenta que fuera de mi caparazón, en el cual suelo encerrarme en estas fechas, existe todo un universo lleno de cosas y personas, que pueden hacerme sonreír, inclusive a pesar del dolor y la nostalgia de la fecha. Y me río porque puede que sea tonto, el encontrar ilusión en algo que puede no ser lo más "real"... I mean, es real pero no tangible para mí. Sin embargo, no importa. El día transcurrió en calma, tranquilo, y aunque sí derrame mis lagrimitas al estilo "Remi", también sonreí, me ilusioné y terminé el día con una sonrisa que no solía lucir antes en estas fechas. Y sólo puedo pensar, y agradecer a esa fuerza que me saca adelante en estas situaciones, el hecho de darme una razón para ello, pero también le pido, de cierta manera, que mantenga mi objetividad y lucidez al respecto.

Y así, los días transcurren cada vez con más calma. Llega este día el que las emociones se vuelcan en mí, pero de manera positiva. Haciendo un recuento de los 28 años que han transcurrido hasta el día de hoy me doy cuenta que he sembrado muchas cosas buenas, y aunque las malas también han estado presentes, siento que soy capaz de distinguir, de elegir, de aceptar y enfrentar mis actos, y sé que la cosecha será positiva. Me dí cuenta de tantas cosas, cosas que consideraba inexistentes o un tanto intangibles. Hoy estoy consciente de que tengo a mi a lado a las personas que han decidido quedarse conmigo, por convicción y sin interés de ningún tipo, que me quieren y me procuran, que me aceptan y no me juzgan, pero que me cuestionan y estimulan mi madurez. Estos 28 años no han pasado en vano, y me doy cuenta que lo que hoy estos atravesando es sólo un momento más, de esos que considero trágicos, pero que al final de la jornada, echando una mirada atrás, seré capaz de evaluar como positivo y reir de él, de la manera en que lo enfrenté, siendo lo único importante que LO ENFRENTÉ.

No niego que traté de caminar atrás, traté de enviciarme en mi afán de sentir refugio ante tanto cambio, tan rependino, tan inuscitado. Pero pude recapacitar y seguir mi camino, tratanto de aceptar y reconocer que lo que no tengo hoy, es por una razón, es porque no me pertenece o simplemente no es el tiempo correcto, y que debo aprender a vivir con esa situación. A pesar de la incertidumbre siento, creo, sé que necesito avanzar, y sé que hoy, no estoy sola. Y tengos ansias de volver a encontrarme, de que esto sea una experiencia positiva, de que me saque del estancamiento en el que me encuentro.

A resumidas cuentas, estos días he experimentado cuanto sentimiento creo que conocí a lo largo de 28 años. Sentimientos, emociones, pensamientos abrumadores, tanto que muchas veces siento que no puedo manejarlos, que no puedo seguir adelante; pero entonces, me siento, respiro profundo y echo un vistazo al pasado, y me doy cuenta que no hay porque quedarse así, estático... No voy a decir que no hay porqué sentir miedo, definitivamente el miedo está aquí, es latente y es totalmente comprensible. En mí está convertir ese miedo, ese temor a lo desconocido, en el aliciente que me impulse a pasar este trago, que califico de amargo, y que sé terminará siento dulce al final.

28 años en los que he ido conociéndome y sin embargo, siempre queda algún rincón escondido que no puedo alcanzar. 28 años de satisfacciones constantes. 28 años que me hacen comprenden y sentir hambre por otros 28 años iguales, y después de ellos, otros 28 más. Quiero seguir creciendo, experimentando, madurando. Quiero intentar, tropezar y levantarme. Quiero amar, llorar y sonreir. Quiero sentir deseo y miedo a la vez. Quiero seguir siendo ser la persona que ahora soy, llena de emociones, muy poco racional, porque en ello he encontrado felicidad y porque sé, la seguiré encontrando.

28 Years Today, Many Years To Go... Enjoy The Ride!

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