Endless Pain

Tal vez lo único que duele más que decirte adiós
es no haber tenido la ocasión de haberme despedido de ti

Este fin en particular pareció interminable... Difícil fecha para la personita que tiene el corazón de pollo más grande del mundo: me. Hace siete años ya que celebro estas fechas sin él, sin su desayuno madrugador, sin su partido del América en el hallesito de la casa, sin verlo dormir mientras su equipo favorito juega el clásico que por costumbre pierde, sin su presencia, sin sus risas ni sus enojos.

Y es que a pesar del tiempo y de la distancia que la misma muerte interpuso entre nosotros, sigo sin entender el porqué, la razón, el fin. Y me hace falta su presencia, sus palabras, su simple mirada; me hace falta desde el día en que comenzó a dormir y no despertó jamás.

Y muy frecuentemente me pregunto: ¿Qué sería de mí si el viviera? ¿Sería distinta? ¿Sería mejor... peor? No puedo dejar de pensar que me hace falta, y que precisamente esa ausencia volcó mi existencia a un camino que, de haber estado con él, sería distinto por el simple hecho de llevarlo de la mano.

Dicen que lo que no mata fortalece, pero creo ferviente que su muerte es y seguirá siendo, de una u otra manera, la anticipación de la mía. El arrebatarme una parte de mi corazón, de mi ser, de mi esencia, no me lleva sino a cuestionar mis creencias, mis valores, mis actos, mis pensamientos... y quiero encontrar en su partida la razón de la falta de felicidad que en ocasiones me aqueja y me invade, y sin embargo, quiero dejar de sentir eso, quiero dejar de culpar a su muerte de mi muerte.

No se puede negar el dolor que siento hoy, es tan intenso como el que experimenté el día en que partió; me consume, me lleva al infierno y me trae de regreso... Tal pareciere que veo mi vida en 5 segundos, sin él, siempre sin él.

Aún recuerdo aquel 15 de Marzo en que llegue al hospital con mi hermano; lo ví allí tendido, en esa cama incómoda y fría, inconsciente, inexpresivo, ausente. Recuerdo la cara de mi madre, de mis hermanos, sin poder decir una sola palabra y de pronto, una frase que me carcomió el corazón y quedó grabada en mi mente para siempre: "no se va a morir". En ese instante mi mundo se derrumbó; en ese instante supe que su tiempo, nuestro tiempo, estaba contado. Pero aún no sabía cuán poco tiempo me quedaba a su lado, aún no experimentaba el gran dolor que nos esperaba.

Recuerdo al doctor, siempre amable, siempre con tacto... Nos llamó a una salita algo oscura, justo al ladito de la habitación en la que se encontraba mi padre. Sus palabras fueron breves pero concisas: "su padre tiene cáncer, se encuentra en fase terminal, no va a despertar, y todo terminará en cuestión de días...". Lágrimas comenzaron de pronto a brotar de mis ojos, no podía controlarlas... Borrosamente veía que el doctor decía algo, no entendía qué... había dejado de estar presente, mi corazón se sobrecogió y tal pareciere que me encontraba flotando, viendo a mi familia desde el cielo, desde otra perspectiva... Sentía que mi hermano me abrazaba, supongo con afán de consolarme, recuerdo que no podía controlar el llanto al igual que yo... y solamente repetía: "todo va a estar bien...".

Las siguientes horas fueron duras, interminables, dolorosas... No existe dolor más profundo que el estar consciente de que moriría, de que era cuestión de poco tiempo, y que además, no tendría la oportunidad de despedirme, de decirle lo que significó y significa en mi vida, de abrazarlo, de besarlo aun y cuando alguna vez pensé que era cursilería... no tendría oportunidad de, simplemente, compartir más tiempo con él.

Las horas se volvieron días, pocos, contados... Él, siempre inconsciente, extrañamente tranquilo. No estoy segura pero creo que él sentía dolor y eso, eso me mataba, me hacía sentir impotente, y sólo me quedaba estallar en llanto una vez más. Poco después el doctor regresó, se dirigió a nosotros tres y de la manera más sutil que encontró, nos hizo saber: "hoy, parece, que será el día". Nuevamente un golpe al corazón, nuevamente ofuscada la razón. Atónita, sin palabras, abracé a mi mamá... Comenzamos a rezar...

Así transcurrió una hora, sentados a su lado, tomando su mano, viendo como se desvanecía, poco a poco... Tratando de entender el designio de Dios, tratando de pensar que la muerte era lo mejor para él en esas circunstancias, tratando de encontrar un poco de resignación. Poco a poco su pecho dejaba de dar señales de toda respiración, poco a poco su corazón dejaba de latir, poco a poco se despedía, poco a poco...

Y de pronto, aquel 18 de Marzo, todo terminó... En ese instante no pude mas que sentir alivio; alivio de saber que ya no sufriría, pero me invadía el dolor inmenso de saber que nunca más volvería a estar a su lado. Llamadas interminables, el velorio. Así nos recuerdo, vistiéndolo para poder meterlo a su ataud, para que los demás pudieran despedirse de él... ¿Acaso importa que traiga puesto? ¿Acaso a él le preocupaba?. Un saloncito, flores, familiares, conocidos, extraños, el interminable pésame, rezos... en medio de todo mis ojos se clavaban en un sitio: su ataud..Y me hice la fuerte, la inquebrantable. Ese día me bloqueé, ese día comencé a creer que él no había muerto, ese día manejé su ausencia de tal manera que siempre hubiera la esperanza de su regreso.

La misa, la despedida... el tener que dejarlo allí, en una cripta fría, solo... ¿Qué sentido tenía?

La resignación no llegó inmediatamente, de hecho me tomé años para asimilar su partida y aún así, creo que no lo hecho al cien por ciento. A veces quiero pensar que está aquí, que permanece, que llegaré a la casa y lo encontraré dormido en el hallesito, con la tele prendida, y con esa expresión de tranquilidad que siempre lo caracterizaba. Quiero pensar que por las tardes sigue saliendo al boliche y que en la noche llegará a contarnos los pormenores del torneo comiendo su conchita con frijoles y su cafesito con leche. Quiero imaginar que tendré que despertarlo en las madrugadas para hacer el jugo de naranja. Quiero imaginarlo conmigo. Quiero celebrar a su lado mi cumpleaños, Navidad, Año Nuevo... Every single day...

Duele y no entiendo porqué, no entiendo cuál fue "su" designio; no encuentro paz, no encuentro fe y mucho menos resignación. Siete años ya, siete años de ausencia y de constante tristeza. Siete años que no parecen terminar... estoy consciente que no terminarán.

Y lo extraño... lo extraño mucho.... ¡Cuánta falta me haces papá!



Comments

Anonymous said…
En la vida pasan cosas que muchas veces no logramos entender, en realidad yo no estoy muy seguro de lo que es la vida, si es solo un sueño del que algun dia despertaremos, o es el inicio de algo mas grande.

Se que la pérdida es algo muy doloroso, hace poco lo vivi, aunque no creo que se compare con la pérdida de un ser tan importante como un padre o una madre, talvez esa perdida nos ayude a madurar, talvez cambie la forma en que vemos la vida, talvez haga que seamos mejores personas.

De lo que si estoy seguro, y que tengo plena fe de que cuando asi me pase, esto sucedera, es que nuestros padres estan siempre en espiritu con nosotros, somos una parte de ellos, tenemos sus genes, somos su sangre, somos ellos, cada vez que nos peinamos, nos vemos al espejo, hacemos y decimos alguna opinion, somos ellos.

Su escencia es nuestra escencia, y nunca estaran lejos de nosotros, hoy dia, puedo sentir y soñar con mi abuela, con la cual en vida tuve la oportunidad de platicar de muchos temas, incluyendo de la muerte, del sufrimiento fisico que se tiene al llegar a cierta edad.

Hoy recuerdo vividamente un sueño que tuve de ella, en donde me decia cosas, que fueron muy reconfortantes, cosas, que yo no pude haber soñado, y que a veces, pienso que no fue un sueño, sino una comunicación directa.

La vida es un chispaso que nuestros padres nos permiten disfrutar, sin ellos, nunca hubieramos tenido conciencia de ella, hay que agradecerles todo, y cuando se van, despedirnos de ellos fisicamente, pero espiritualmente fortalecer el vinculo con ellos, seguir sus enseñanzas, ser lo que nos enseñaron a ser.

Yo en realidad no estoy seguro de que reaccion tendre en un futuro cuando la despedida fisica ocurra, talvez sea buena o mala, no lo se, lo que si se, es que nunca podre agradecer todo lo que han hecho por mi, y que, nunca los olvidare, eso si lo puedo tener presente, por que soy y sere, hasta el dia de mi muerte, lo que mis padres son, eternamente.

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