Burying the "Relapsing Behavior"



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Aunque pensé que tendría muchas cosas por decir, ahora que intento plasmar mis pensamientos y mis sentimientos en este post, simplemente mi mente y mi corazón no dan para más, los siento en blanco, como detenidos en el tiempo...

Hace ya algunas horas que tomé una determinación que, a querer y no, era necesaria para mi crecimiento y aprendizaje personal. Realmente me cuesta trabajo afirmar que estoy 100% apegada a dicha decisión, sin embargo, puedo señalar que cuando menos me siento satisfecha, conforme y extrañamente tranquila con la misma. Y es que me era necesario terminar este ciclo, este vicio, que aunque vitalizante en determinados aspectos -y he de puntualizar que no los que yo defino como esenciales en mi vida-, terminaría siendo otro ciclo más, un ciclo repetitivo en mi haber sentimental, trayendo consigo, a mediano o largo plazo, consecuencias poco deseadas y tan latentes y flagelantes como no quisiera imaginarme nuevamente. Me siento cansada... Cansada de esperar y depender de las decisiones de terceros para vivir una vida que es mía y de nadie más; cansada de dar a tajos y recibir migajas; cansada de dar crédito a personas y situaciones que no lo merecen; cansada de otorgar una y una otra vez el beneficio de la duda cuando debería tomar como lema: "un individuo es culpable hasta que compruebe lo contrario".

La noche de ayer fue decisiva en la toma de la referida -mas no explícita- determinación. En medio del cansancio físico y mental provocado por el exceso de trabajo en los últimos días, de la frustración que resulta de tal situación, del llanto que se desata como reacción en cadena... pero también en medio de la ansiedad, de la emoción, del éxtasis que produce en mí la música de la agrupación británica que me ha permitido reencontrar mis emociones, descubrir nuevas sensaciones, revivir olores, caricias, miradas, lugares, vidas pasadas... En medio del placer, del erizamiento de los vellos corporales, de la "piel chinita" que produce en mí cada una de sus melodías, la letra de sus canciones, los acordes de la gitarra, el ritmo de la batería, el timbre de su voz, lo sensual y erótico de sus movimientos, de su mirada y de su sola presencia... En medio de esta marejada de sentimientos, de emociones, de sensaciones y de recuerdos, todos ellos agolpados en mi cuerpo resultado del EFECTO PLACEBO, es que me pongo a pensar, a sentir, a desear, a temer.

Comienzo a valorar lo que soy como ser humano, lo que tengo en mi presente resultado de mi pasado... Encuentro respuestas que me asustan, que me aterran y me hacen sentir el ser más diminuto en la Tierra... Me doy cuenta que no hago más que vivir en una constante conducta viciosa, enfermiza, dolorosa... Aquella que hace que pierda el piso, que me vuelva parcial, subjetiva, vulnerable... Aquella que despierta mis más grandes defectos y a los que denomino mi Tendón de Aquililes: la necedad, la terquedad y, de la mano, la nobleza.

¡Y bien han dicho que de la nobleza a la estupidez hay tan sólo un paso! Paso que al día de hoy he dado en más de una ocasión y en un corto período de tiempo. Paso que creo ya tomo por inercia, por costumbre, por miedo a la realidad... Y trato de encontrar una justificación, pero no encuentro ninguna suficiente para avalar mi comportamiento, mis deseos, mis pensamientos; no encuentro una razón que soporte la necesidad que me lleva a sustituir un vicio por otro -llámese persona, cosa o situación-. Y es que, ciertamente, me asusta darme cuenta que mi justificación, aquella en la que me escondo para avalar mi negación, ha sido exatamente la misma desde hace ya varios años.

El día de hoy pienso en aquellas personas que tienen puestas sus expectativas en mí; aquellas personas que esperan "algo" de mí... Al principio me asustaba, ahora considero necesario responderles, por el valor que le doy a mi relación con ellas, por la estima, el cariño, el amor y el agradecimiento que les tengo. Y aunque sé que uno jamás podrá cubrir las expectativas de todos y que en realidad, no estamos de paso en esta vida para cubrir las expectativas de terceros, hoy siento la necesidad de responderles, de demostrarles, de no privarlos de esa paz que hoy sienten respecto de mí, de darme la paz y la calma que al día de hoy me parecen imprecindibles.

Aún no soy capaz de determinar qué es lo que me motiva a ciclarme, a tomar el camino tortuoso, a vivir el deja-vú certero, el repeat de la película de mi vida... No quiero encontrar la causa, o más bien, no quiero sustentar mis actitudes en razones comunes y corrientes, trilladas...

De una cosa estoy segura, la causa que busco, el por qué de mis actos, no es el sentimiento denominado amor ni cualquiera de los niveles que el mismo pudiese ostentar, llámese estima, cariño, afecto... Y viene la contradicción, porque ahora que lo pienso, creo que de cierta forma el amor se encuentra relacionado con ese por qué que tanto busco, y es así que termina materializándose en la carencia de amor propio, en la falta de confianza en mi misma, en el orgullo lacerado, la dignidad encogida, en la autoestima hecha trizas.

No más... No deseo vivir en ese constante ciclo, reviviendo mis pecados, tratando de pagar mis penitencias... Y es así que he llegado a la determinación que, cuando menos hoy, me es tangible, firme y me parece simplemente adecuada. Hoy, esa decisión produce en mí satisfacción... la satisfacción de sentirme capaz de cambiar el rumbo de mi vida; despliega en mí una sonrisa resultado de ese breve reencuentro con la Barbie de antaño y, al contrario de las últimas ocasiones, espero, deseo y quiero mantenerme firme... quiero entender la necesidad de la existencia de esa determinación... quiero sentirme viva, capaz, orgullosa, fuerte e imponente... quiero volver a adueñarme de mí.

Y aún así, de cierta manera me encuentro agradecida con todos y cada uno de los "ciclos viciosos" que he vivido, porque sin ellos, no sería la misma persona de hoy; sin ellos no sentiría la necesidad de reinventarme, de valorarme, de ser feliz, verdaderamente feliz. ¿Hubo crecimiento? Por supuesto, y puedo afirmar que en todo aspecto: emocional, espiritual, racional y físico. Podría decirse que conocí a totalidad mi capacidad, que desafié mis límites... Jugué con fuego y sí, efectivamente me quemé, pero siempre tuve alguien a mi lado para curar esas heridas; la curiosad apagó en repetidas ocasiones el latido de mi corazón y, sin embargo, siempre se me ha concedido la oportunidad de un nuevo comienzo, de experimentar otra de mis nueve vidas.

Sí, hubo tristeza, pero sin duda también experimente muchas alegrías: el cosquilleo que te produce la etapa del enamoramiento; la sonrisa que se dibuja en tus labios al encontrarte con esa persona que consideras especial; el brillo que se refleja en tus ojos al imaginar a esa persona a tu lado; los escalofrios que recorren tu piel, de pies a cabeza, cada vez que escuchas su voz; la exitación que te produce su respiración, el climax que experimentas con cada uno de sus besos; los viajes astrales, mentales, emocionales y físicos que te despierta su constante recuerdo...

Y me siento dichosa y agradecida de poder disfrutar cada segundo, cada palabra, cada lágrima, cada risa, cada enojo, cada beso, cada caricia, cada experiencia... Me siento satisfecha de haber correspondido a cada situación en la medida de mis posibilidades; me siento plena al haberme dado la oportunidad de recibir, de dejarme amar y de desafiar, nuevamente, mi capacidad de dar, de querer, de amar, de entregar.

Y ahora me doy cuenta que este post no se encuentrá más en blanco... Nunca había experimentoado tantas emociones juntas, tantos recuerdos entrelazados, tantos pensamientos concatenados... De seguir escribiendo, dudo que acabaría de hacerlo esta noche.

Me quedo con una sonrisa, con la firme determinación, con las ganas y el empuje que siempre había deseado sentir, con la plenitud de saberme honesta, apasionada y entregada, pero también con la nostalgia, la melancolía y el recuerdo de lo que he decidido dejar atrás.

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