Just my fault...


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Sucesos, acontecimientos constantes, cambios y desorientación… Definitivamente una época de altas y bajas reiteradas, de alegrías y frustraciones, sentimientos encontrados, el corazón hecho un nudo, la razón latente, los sentimientos a flor de piel y la desilusión presente…

¿Qué pasa cuando experimentamos una cadena de sucesos de los que quitan la respiración? En un minuto, tangibles, al siguiente, efímeros. ¿Qué pasa si deseamos que esos momentos perduren y en el intento sólo provocamos que se evaporen? El corazón se sobrecoge, la razón ataca y nosotros sólo podemos obviarla…

Contacto físico que lleva a un fin, un fin que siendo el esperado resulta aún así sorpresivo, un fin que necesariamente despierta felicidad, tristeza, incertidumbre, culpa, arrepentimiento, agonía…

¿Realmente era lo que deseaba? ¿Realmente era lo que esperaba? La respuesta es certera desde el momento en que me cuestiono…Y es que muchas veces traté de obviar lo lógico… de mantenerme al margen… ¿Al margen de sentir? ¿Al margen de ser yo misma? Y es que aún siendo sinceros, tontamente llegamos a confiar, a creer, a esperar…

El corazón herido al día de hoy, por la autocrítica, el autocastigo. ¿Necesario? A veces sí, para evitar caer nuevamente, situación que se ha vuelto, vergonzosamente recurrente…

El pensamiento… obviado… El sentimiento… presente. La esperanza dicen es el problema… Aunque la frase reza que la esperanza es lo último que muere, bien debería asesinarla en este instante… ¿Por qué? Pues qué caso tiene mantener viva la esperanza sobre algo que no podemos calificar sino como muerto.

Y no me canso de escribir, y no me canso de contar, porque a final del día, es el único camino que encuentro para desahogar la cobardía que tengo para enfrentar la realidad y las consecuencias de mis actos.


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