Honey, Honey...

Ante la liberación femenina desencadenada en últimas fechas, es notorio que la mujer se ha ido abriendo paso tanto en el ámbito personal como el profesional. Algunos pasos dados por este singular grupo de mujeres atrevidas son de aplaudirse... El abrirse un lugar en el ámbito laboral cuando el mismo era dominado por los hombres, y cuando el machismo enfermizo de los mismos no permitía ver al resto de la sociedad que la mujer era más que un ente confinado a las labores hogareñas y a servir... Actualmente la mujer se ha ido abriendo paso para forjar su propio destino, tomando, a través del tiempo, decisiones, a veces atinadas, otras un tanto equivocadas, pero a final de cuentas, decisiones que la forman y la estilizan en lo que hoy consideramos una "mujer fuerte e independiente".

¿Pero qué pasa cuando analizamos el ámbito personal? ¿Ha avanzado o marcado su esencia en este aspecto? Lo que por mucho tiempo la mujer ha pedido es sencillamente la igualdad al lado del sexo masculino, la libertad en pensamiento, en acciones, en oportunidades, en no ser prejuzgada por sus decisiones... Y cuando por fin un sector limitado del sexo masculino le ha concedido, hoy por hoy, un poco de lo que ella tanto deseaba, vuelven a aparecer las etiquetas, los sobrenombres, y por ende, los miedos y la subsecuente marcha al comienzo de la lucha... cual cangrejo: dando un paso adelante y dos atrás.

¿Por qué no poder disfrutar de las mismas situaciones, circunstancias, decisiones, que el hombre es capaz de tomar? ¿Por qué seguimos recibiendo etiquetas al intentar marcar una diferencia en el afán de conocernos internamente? Todo esto tiene una simple respuesta, tonta a mi parecer, pero que sigue presente y sigue siendo la respuesta de muchas personas a tal interrogante: "porque es mujer"...

¡Hablan del ser mujer como una enfermedad por Dios!... ¿En qué momento se definió a la mujer como el sexo débil? ¿Quién lo decidió? ¿Que bases tomó para tal conclusión? Y no es que no lo seamos, tenemos nuestro "tendón de Aquiles" como todo ser humano sobre la Tierra, digamos que lo que nos hace vulnerables es el sentimiento... el maldito y redundante deseo de amar y ser amadas... pero eso no nos hace más débiles que el hombre... pero tal vez sí más humanas... ¡Y qué demonios! Pareciera que los hombres se asustan y huyen al ver a una mujer expresar sus sentimientos, tal pareciera que los sentimientos como ellos desean sean expresados no son precisamente dignos de consideración... más bien, son símbolo de compromiso, símbolo de monogamia, símbolo de rutina, símbolo de huída...

Qué difícil sigue resultando que una mujer trate de probar, de abrirse a nuevas experiencias, y ojalá la causa fuera sólo la reacción masculina ante el singular número de probabilidades que podrían presentarse de ser la mujer la tomase la que tomase iniciativa ya sea en el ámbito laboral, cotidiano o sexual... pero no... Desgraciadamente, nosotras mismas vivimos en el error también, tratando de inculpar al sexo "fuerte" de los fracasos que encontramos cada vez que intentamos dar un paso hacia nuestra tan anhelada "libertad".
La verdad y única verdad estriba en nosotras mismas... los muros, los obstáculos, los peros y los miedos no se imponen por ósmosis, se imponen conscientemente por nosotras mismas, como un castigo auto impuesto, a manera de hacer menor el impacto de las palabras y posibles juicios del sexo masculino una vez que hayamos realizado el tan singular acto que a final de cuentas catalogamos como libertinaje... Tal pareciere que estamos paradas en una misma plataforma partiéndose en dos por nuestros interminables cuestionamientos personales, por los miedos inculcados desde pequeñas, por los valores adquiridos en la infancia y por los errores cometidos en la adolescencia...

Que fácil es hablar, opinar, proponer... En el intento de probar ser alguien más fuerte, más desinhibida, sólo llegamos a la conclusión de que somos quienes somos y no podemos alterar esa esencia... y ¿qué resulta por ende? la desilusión, la pérdida de fe, la depresión y la auto recriminación.

Y en ese afán de conocerse, y en ese afán de probar que puede madurar como persona sin alterar los valores en esencia, Barbie escuchó lo que no deseaba escuchar, terminó temiendo lo a que era un hecho ya existía y, aún así, siguió cuestionándose el seguir adelante o terminar con ese martirio auto infligido... Pero en medio de las marañas y telarañas con que se fue topando en el transcurso de su "evolución y auto conocimiento" pudo encontrar una respuesta de quién, pareciendo un ser sumamente inmaduro, solo pudo pronunciar la verdad: "Lo importante, ante todo, es que se esté 100% seguro de lo que se desea llevar a cabo... una vez hecho esto, lo segundo más importante es dejar a un lado los miedos y abrirse a la experiencia, desinhibirse, disfrutar..."

¿Le endulzaron el oído con sólo articular estas palabras? Barbie no lo considera como tal, pero la idea le sigue sabiendo a miel...

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